Propuesta de Paloma directora de la revista 80dias.es

Primer día

El tema de los transportes es necesario tratarlo a parte, pero hoy cogeremos el tranvía 1 (TR1, línea azul oscuro), para empezar desde Sultanahmet, el centro de la ciudad vieja.

Lo primero que vamos a conocer es Santa Sofía. Una mezquita, una iglesia bizantina, un santuario y, ahora: un museo. Su nombre quiere decir Sabiduría Sagrada. Lo más llamativo son los fondos caligráficos, es la seña de identidad del edifico. Cierra los lunes y la entrada cuesta 15 libras turcas (LT), unos 7 euros al cambio. Justo enfrente está la mezquita azul, una maravilla en todos los sentidos y además es gratis. Debe su nombre a los azulejos que la adornan y puede presumir de ser la única en el mundo que cuenta con 6 minaretes. Cuenta la leyenda que el Sultán Ahmet I le pidió a su arquitecto, en tiempos de crisis, que construyera los minaretes de oro puro (en turco, altin) y el arquitecto previó problemas, con lo que solucionó el dilema construyendo seis (alti) minaretes y luego se disculpó diciendo que le habría entendido mal. Este edificio es una auténtica preciosidad.

Iremos dando la vuelta a la mezquita para visitar otros lugares de interés y terminaremos casi en el mismo sitio. Lo siguiente es la cisterna de Yerebatan (10LT, 4,66 euros), la más grande de las 60 cisternas que se construyeron en Estambul en la época bizantina, del 532. Tiene 336 columnas, en 12 hileras de 28 columnas, con 4 metros de separación y 8 metros de altura, es decir, unos 80.000 metros cúbicos de agua para ese barrio. No olvidéis buscar las dos cabezas de Medusa. En la misma placita están los baños de Roxelana, nombre de la esposa de Solimán el Magnífico. Eran baños imperiales reservados para cuando Santa Sofía era utilizada de mezquita, con separación para hombres y mujeres.

A la derecha de la mezquita azul está el Hipódromo, construido en el siglo III por el emperador Severo. Constantino lo amplió para dar cabida a 100.000 espectadores y lo adornó con columnas, de las que hoy quedan la columna de cantería, con forma de obelisco, se compone de piedras sin tallar y debió de estar cubierta de placas de bronce con inscripciones de oro. La columna serpentina, porque debieron ser 3 serpientes de bronce, enroscadas, cuyas cabezas sostenían una olla de oro, aunque sólo queda una cabeza de las serpientes y está en el museo arqueológico. Fue traída desde Delfos en el siglo V. La otra columna que se conserva es el famoso obelisco egipcio, que es el monumento más antiguo de Estambul, tallado por orden del faraón Tutmosis III, fue traído realmente desde Egipto. Actualmente está roto y sólo se aprecia la tercera parte de su tamaño original. 

Si continuamos rodeando la mezquita azul encontraremos varios museos, aunque no hay tiempo suficiente para ellos. Un par de calles por detrás hay otra mezquita, la de Sokollu Mehmet Pasha, situada en una cuesta bastante escarpada, lo que el arquitecto suplió con un patio de dos pisos, el primero, ahora destruido, eran tiendas, el segundo, un patio abierto, rodeado de columnas que es lo que merece la pena visitar.

Volviendo a nuestro recorrido, en la parte izquierda de la mezquita azul está la fuente alemana, de estilo neobizantino, es octogonal y está abovedada. Fue construida en 1900 por el gobierno alemán con motivo de la visita del emperador Guillermo II en 1898. Y un poquito más allá encontramos la fuente de Ahmet III, de estilo rococó turco, demasiado recargada quizá, pero de alguna manera es hermosa. Tiene cinco pequeñas cúpulas, nichos en forma de mihrab y relieves florales abigarrados. Las fuentes otomanas son muy curiosas, así que no os la perdáis.

Para comer recomiendo subir hasta la plaza de Çemberlitash , ahí se encuentra la columna quemada, hay muchas tiendas y los restaurantes son típicos y no demasiado caros, pero no os desviéis y os vayáis al Gran Bazar antes de tiempo. Tras la comida, es el momento de cruzar las murallas marítimas para encontrar la Iglesia de Santa Irene, actualmente un museo. Es del siglo VI y es un edificio único porque cuenta con 3 peculiaridades: el synthronon (cinco hileras de asientos encajadas en el ábside), una cruz negra sobre oro de mosaicos iconoclastas y un patio con sarcófagos de duro y rojizo pórfido, donde se enterró a los emperadores bizantinos.

Desde aquí podemos entrar en el fabuloso palacio de Topkapi. La entrada es cara, pero es mejor pagar por ver el recinto completo o dentro llegarán los arrepentimientos (36 LT, 16,8 euros y cierran los martes). El palacio fue construido por Mehmet II en varios pabellones. Esta visita no puede llevarnos más de 3 horas, así que volvemos a salir por la puerta que entramos y llegaremos a la Sogukçesme Sakgi, una callecita empinada flanqueada por típicas casitas de madera  y subimos hasta la calle Divanyolu. Aquí llegamos a la cisterna de las 1.001 columnas, del siglo IV. En realidad sólo tiene 264 columnas de mármol, no es  lo más bonito y está un poco abandonada.

Continuando por la misma calle llegamos a la tumba del sultán Mahmut II, un mausoleo octogonal del siglo XIX. Y un poco más allá, la columna de Constantino, construida en el 330 por la consagración de la nueva capital de Bizancio. En tiempos sostuvo la estatua del emperador y cuenta la leyenda que en su base se guarda un frasco de aceite de perfumado de María Magdalena y algunos panes con los que Jesús alimentó a la multitud.  

Siguiendo esta misma calle volvemos a la plaza de Çemberlitash y un poco más arriba está el famoso Gran Bazar, fundado por Mehmet II, donde pasaremos el resto del día. Y en cuyos alrededores también se puede cenar. Felices compras.

Segundo día

Hoy comenzaremos donde lo dejamos ayer. En esa misma calle, a unos pocos pasos, está la playa de Beyazit, donde se encuentran la torre y la mezquita que reciben el mismo nombre. Es la zona más animada del casco antiguo y su mezquita es la más antigua de Estambul. En la parte norte de la plaza está la puerta árabe, que da acceso a la Universidad de Estambul. Y a la derecha está la maravillosa mezquita imperial de Süleymaniye. La mezquita de Suleyman, donde está enterrado el sultán, para mi gusto la más bonita de la ciudad. Era, además de un lugar de culto, un recinto de caridad, por eso está rodeada de un hospital, una cocina de caridad, las escuelas, un caravasar, es decir, un refugio para las caravanas y una casa de baños.

Volviendo a la puerta árabe, por la calle S. Basi-Vezneciler, prácticamente nos encontramos a la derecha, con el acueducto de Bozdogan, también conocido como acueducto Valente, ordenado construir por Constantino el grande y terminado por el emperador bizantino Valente en 368, traía el agua desde el Bosque de Belgrado.

Sigamos subiendo por la misma calle Macar Kardesler y nos daremos de frente con la mezquita imperial de Fatih o mezquita del conquistador Memeht II, que representó un gran avance en la arquitectura turca clásica, aunque personalmente creo que no es la mejor de la ciudad. Regresemos sobre nuestros pasos, hasta el acueducto y sigamos calle arriba, hasta la mezquita de Zeyrek o el monasterio del Pantocrátor. En realidad es un edificio bastante complejo, yo diría que es más un monasterio, aunque después fue utilizado de mezquita con madrasa incluida, construido en el siglo XII, está compuesto por dos iglesias, una capilla y el monasterio en sí. Atención a las vidrieras y los mosaicos del suelo.

Sigamos subiendo por esa calle, Bulvari, hasta cruzar el Puente de Ataturk, el cuarto más largo de Europa y el séptimo del mundo. Giramos a la izquierda en la calle Tersane y volvemos a girar a la izquierda en la tercera calle, para encontrarnos con la Iglesia de San Pedro y San Pablo que, como mínimo, es peculiar. Al parecer los dominicos fueron expulsados de su iglesia original, cuando ésta se convirtió en mezquita. Se trasladaron a ésta, la fachada principal no podía dar a la calle, por la ley otomana, así que hay que acceder por un patio y una puerta lateral, en el interior hay 4 altares, pero lo mejor es la cúpula azul con estrellas doradas. Y si seguimos subiendo llegamos a la Torre Gálata, que se ve casi desde cualquier punto de Estambul. Tiene 61 metros de alto y se construyó sobre la colina Gálata, con lo que ofrece una panorámica de lujo, tras pagar el precio de 8LT (3,74 uros) y de subir 143 escalones, aunque también hay ascensor. Fue reconstruida por El Genovés en 1348, sobre una torreta del siglo V. La llamaron la Torre de Cristo por tratarse de una atalaya defensiva. Los otomanos la utilizaron de almacén naval y de cárcel, después fue un observatorio y finalmente torre de vigilancia para los incendios. Su dominio sobre el Bósforo, nos permite la mejor vista del Mar de Mármara y del entrañable Cuerno de Oro.

Cerca del Monasterio de Mevlevi se coge el Tranvía de la nostalgia hasta el barrio de Taksim, uno de los más concurridos, sobre todo por la noche. Aquí comemos.

Después podemos volver sobre nuestros pasos en el mismo tranvía o caminar por la calle Siraselviler hacia abajo. Es un buen tramo, pero en el medio encontraréis Çukurcuma, la zona histórica de Beyoglu (la moderna es Taksim), repleto de pequeñas tiendas en las que se puede encontrar de todo, especialmente gangas. Al final de la calle, está la mezquita de Kiliç Alí Pasha, inspirada en Santa Sofía, data de 1580. La historia es divertida, al parece Kiliç fue capturado por piratas musulmanes que lo convirtieron al islamismo, así que entró a servir a Solimán el Magnífico; fue comandante de la marina para 3 sultanes diferentes y finalmente, pidió a Murat III un lugar para construir una mezquita. El sultán respondió que sería “en los dominios de un almirante: el mar”, así que Kiliç le pidió parte del Bósforo y lo hizo allí.

De nuevo seguimos bajando, por la calle Necatobey, casi hasta el puente, donde se encuentra la mezquita de Yeralti y desde allí cruzamos el puente Gálata, que es el más antiguo del Cuerno de Oro hasta llegar a la mezquita nueva, la Yeni Cami. Su edificación duró 66 años, por falta de financiación. Cuando comenzaron las obras, el mar llegaba hasta la plataforma sobre la que se sitúa la mezquita. Es la última que se construyó durante la época clásica otomana y lo mejor son las vidrieras y la marquetería de puertas y ventanas.

Al salir hay que bordear el parque y seguir la calle hasta llegar a la Yeni Postane. Hacia la derecha podemos ver otra mezquita importante, la de Rüstem Pasha. Al parecer, fue uno de los dos visires más importantes de Solimán, mandó construir la mezquita en el barrio de Tahtakale, dentro del bazar de ferreterías, un lugar poco apropiado, por eso Sinan, el arquitecto, decidió construirla sobre una plataforma de tiendas. Todo el interior y una parte del exterior del edificio, están recubiertos con los azulejos más valiosos de la época.

De nuevo bajamos, en la dirección inversa a la que veníamos, hasta el Gran Bazar Egipcio o de las especias. Fue construido en 1660 para financiar la mezquita nueva y actualmente tiene 97 tiendas. Dentro se pueden comprar no sólo especias, sino perfumes o alimentos típicos. Y, desde luego, hay que visitar también el mercado de las flores y el de los pájaros, que están en el patio exterior del mercado. A pesar de su aspecto exterior, hay que entrar.

Por  último, unos metros más abajo, está la estación de Sirkeci, construida para recibir al mítico Orient Express. Tiene un aire nostálgico y desde aquí podemos viajar de nuevo hasta Taksim para cenar y pasar el resto de la noche dando un paseo.

Tercer día

El día de hoy lo vamos a aprovechar para cruzar el Bósforo, a la parte asiática. Así que lo mejor es empezar donde nos quedamos ayer, en la orilla del lado derecho del puente Gálata, desde donde salen infinidad de barcos: autobuses marinos, transbordadores normales, transbordadores de coches y motoras. Nosotros vamos a coger un transbordador normal que nos lleve hasta Üsküdar. Por el camino veremos la famosa torre de Leandro (Kizkulesi), construida por primera vez en el siglo XII y reconstruida en el siglo XVIII, es uno de los símbolos de la ciudad.

Usküdar es uno de los barrios más antiguos de la parte asiática, lleno de callecitas laberínticas en los alrededores de la zona monumental, que es la plaza del muelle. Una vez en allí, a la izquierda está la mezquita Iskele, la de la sultana Mihrimah, hija de Solimán. Es uno de los famosos külliyes de las sultanas en esa zona (una especie de instituciones de caridad turcas).

En el sentido opuesto de la plaza hay otras dos mezquitas interesantes: la de Yeni Valide, otro külliye, construido por el sultán Ahmet III, en honor a su madre, la Valida del sultán, Gülnus Immetullah Atún, uno de los últimos ejemplos de construcción que siguió el más puro estilo otomano. Lo más destacado es la cúpula. Incluía un imaret (comedor público), una escuela infantil, un mercado y una fuente de abluciones. Además, de camino a la plaza de Usküdar, está el mausoleo de Gülnus sultana. La otra mezquita es la de Semsi Ahmet Pacha, también conocida como Kuskonmaz Cami, en turco, otro de los visires de Solimán. Tiene 12 aulas que, actualmente, se emplean de biblioteca.

Volvemos al barco. El puerto para la vuelta es Kabatas. Desde allí sólo hay que subir la calle Meclisi Mebusan hasta el palacio de Dolmabahçe (cierra lunes y jueves y cuesta 16LT, 7,54 euros), construido a mediados del XIX por el sultán Abdülmecit I. La fachada del palacio se extiende a lo largo de 600 metros, a la orilla del Bósforo, es uno de los palacios más impresionantes de Estambul, la sala de recepción tiene 56 columnas y la lámpara de araña es inmensa, pesa 4 toneladas y media y lleva 750 bombillas, fue traída de Inglaterra y se dice que es la más pesada del mundo. En la actualidad sólo se puede entrar con visitas guiadas y hay dos recorridos: los recintos reservados a los hombres (Selamlik), las estancias oficiales y el salón de ceremonias; y la otra es el harén, las estancias privadas del sultán y su séquito. No podría elegir.

Justo al lado tenemos la mezquita Dolmabahçe, muy original, pues los alminares son columnas corintias y la luz entra a través de enormes ventanales en arco. El interior está decorado con mármol, atención al trampantojo, es decir, una ilusión óptica. A la derecha del palacio hay dos museos, el naval y el de Bellas Artes. Y subiendo por el bulevar Barbaros está el palacio Yildiz (cerrado lunes y jueves), que en realidad es un complejo de palacetes y jardines. Se pueden visitar los apartamentos estatales y varios pabellones, además de la mezquita. Son las mejores vistas panorámicas del Bósforo.

A partir de este punto, daremos dos opciones para la tarde. Por un lado, los que quieran relajarse a tope, pueden volver al barrio de Sultanhamet y buscar un buen baño turco, un hamam, donde serán bañados y masajeados a conciencia hasta hacer desaparecer cualquier pequeño atisbo de estrés. El resto, deberá tomar un transporte hasta el barrio de Ortaköy, desde el que se puede observar el Puente del Bósforo, que es cuarto más largo de Europa y el séptimo del mundo, conecta la parte asiática de la ciudad, con la europea y cruzarlo es todo un acontecimiento. Al otro lado está el Palacio de Beylerbeyi, un palacio del siglo XIX, construido por el sultán Abdülaziz, en mármol blanco y con unos jardines muy reputados.

Lo interesante de Ortaköy se debe a que es un barrio bohemio, de callejuelas estrechas, en las que se agolpan las tiendas de antigüedades, de souvenirs,  los bares y restaurantes con terracitas a orillas del Bósforo. Aquí se pueden hacer las últimas compras de rigor y aquí es dónde se termina el viaje

Cosas a tener en cuenta:

Viajar en taxi es cómodo y relativamente barato, pero siempre hay que negociar la tarifa antes de arrancar o el precio no será nada barato. Los taxímetros son un mero adorno.

El café turco es una auténtica maravilla, pero sólo se bebe la mitad de la taza, el resto son posos aunque no lo parezcan. El té turco no tiene fama, pero es incluso mejor que el propio café. Y el agua, siempre embotellada.

Comprar en Estambul significa entre otras cosas regatear con habilidad. Los vendedores suelen hablar español o cualquier otra lengua y dialecto mundial con tal de vender. No dejéis que os acosen.

Los baños turcos son radicalmente diferentes a cualquier variedad de spa que hayáis conocido.

Para viajar a Turquía es necesario, además del DNI o el Pasaporte, un visado, que se puede conseguir en el propio aeropuerto, con valor para 3 meses, por un total de 15 euros.

Señoras y señoritas, en Estambul, para entrar en las mezquitas, nos tapan la cabeza, así que no olvidéis llevar siempre un pañuelo en el bolso.

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